En este blog intento mostrar mi pasión por el dibujo, y mi pasión por mi ciudad, Cádiz, a través de diferentes dibujos tanto en papel como en lienzo, tanto en tinta como en acrílico.


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martes, 10 de septiembre de 2013

Parque Genovés

Muchos enamorados han paseado por su arena, muchos novios han hecho su foto de boda entre sus árboles con cara de complicidad, los gatos acampan a sus anchas, es la morada de patos, palomas, incluso dinosaurios; todos aman a este lugar y han paseado por su cueva; pocos saben su origen.

Aunque desde el s.XVIII existían por estos lares unos jardines para el ocio y esparcimiento, pocos se aventuraban a llamarlo como parque, más bien los llamaban "el Paseo del perejil", de modo que no debía ser un lugar muy frondoso. Varias reformas y ampliaciones debieron pasar hasta que en 1892 adquiriera el nombre actual del prohombre valenciano Eduardo Genovés i Puig, querido alcalde de Cádiz que 5 años más tarde murió paseando por su parque, y es que como dice Juanito Valderrama interpretando alegrías de Cádiz, "en Cádiz hay que morir"

Quién no ha ido al teatro Pemán a escuchar a Rocío Jurado o al Festival de las naciones; es una pena que hoy día no se celebren espectáculos en un marco tan inigualable; por no hablar del Cortijo los Rosales que en 1970 cerró sus puertas diciendo adiós aun desfile de artistas de primera talla como Antonio Machín o Raphael.

En cualquier caso, aquí os dejo esta acuarela, las nubes y claros me brindaron una luz inimitable que me hizo jugar con las sombras que proyectaban los árboles e hicieron que mis ojos entre el color, la luz y la sombra entraran en una espiral de delirio impresionista.




Muchos niños pasan por sus rincones en busca de aventuras y se adentran en la cueva con miedo a lo desconocido, pero de todos ellos hay dos niños que no pasan inadvertidos, y son esta pareja juguetona, que se cobija bajo el paraguas, obra de Mariano Benlliure.

El gaditano sabe valorarlo aunque cada vez se le nota más el paso del tiempo a este parque nuestro de cada día; pero aquél viajero, paseante ocasional o estudiante, no debería dejar de conocerlo, si hace sol entre sus árboles y si llueve en su cueva, o quizás le hagan un hueco los niños bajo el paraguas.

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