En este blog intento mostrar mi pasión por el dibujo, y mi pasión por mi ciudad, Cádiz, a través de diferentes dibujos tanto en papel como en lienzo, tanto en tinta como en acrílico.


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lunes, 10 de febrero de 2014

Dibujando en la Alhambra

El fin de semana estuve en Granada, esa ciudad por la que parece que no ha pasado el tiempo, al no tener la playa cerca la humedad y la sal no destrozan sus bellas piedras, que se mantienen casi intactas.

 Por desgracia, el tiempo no acompañó, y aunque superé con creces la meta más complicada ( aparcar en el Albayzín sin pagar un parking ), me tuve que conformar con las nubes y la lluvia como hilo conductor de mis aventurillas granadinas.



Nada más bajarme del coche hacía sol y pensé que sería un fin de semana de dibujo y turismo, pero el agua no me dejó apenas abrir las tapas del cuaderno desde el sábado por lo que tuve que aprovechar los escasos minutos de tregua para desenfundar los materiales.


 

Sin duda fue toda una experienca irrepetible dibujar en el interior de la Alhambra mientras Boabdil soltaba sus lágrmas y lo mojaba todo cada 5 minutos parece que también inundaba mi interior y afloraba un sentimiento de querer atesorar todo lo que veía compulsivamente; tuve que decidir y dibujé en apenas 35 minutos la Puerta del Vino y el acceso a la Alcazaba y de paso posaba para los curiosos turistas.



La lluvia se hizo presente y no se retiró hasta el domingo durante apenas una hora, por lo que me levanté temprano y me escabullí a hurtadillas de la habitación en la que me hospedaba para realizar mis instantáneas del día, aunque de instatánea tienen poco pues eché más de entre media y una  hora en cada dibujo.
Aquí retraté esta versión achatada de la torre de la Catedral, siempre no salen las cosas como uno quiere.


A pesar de ver que no iban a parar las gotas decidí continuar con mi ardua tarea; no podía irme sin llevarme el Paseo de los Tristes en mis papeles, y esbocé este dibujo a tinta en el que aún resuenan los ecos del Darro a su paso por la ciudad.


Por último me subí al mirador de San Nicolás, pues en él había empezado el viaje y me parecía justo cerrar el ciclo en el mismo lugar; la imágen era desoladora, por un lado la Alhambra  oscurecida por el cielo gris, mojada por la lluvia y  con la única luz del color blanco de las nieves de Sierra Nevada. A pesar de ello los gitanos del Sacromonte estaban bastante animados y me contagiaron un poco del ritmo "made for tourists" y aguanté el tirón, con las piernas colgando del mismísimo balcón y con un frío helador.



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