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domingo, 1 de febrero de 2015

Vejer de la Frontera, entre el mar y la montaña.


Desde la terraza del Mesón La Judería. A cubierto tras sus cristales.
     Pese a unas predicciones meteorológicas nada alentadoras, este sábado -31 de enero- dos equipos separados por casi 50 kilómetros se han unido pero no para competir, sino para dibujar juntos: los Sketchers de Vejer de la Frontera y los de Cádiz; comenzaba el 46 Sketchcrawl.
Desayuno de tres de nosotros, yo venía comido de casa.
   
   Nada más llegar, la lluvia nos acorraló contra un bar, a lo que solo pudimos responder pidiendo un buen desayuno. Pero en cuestión de media hora, Vejer nos ofrecía ya la típica estampa de pueblo blanco soleado.
      La jornada de dibujo comenzó en el interior de la iglesia del Divino Salvador. Aquí experimenté una de mis experiencias de dibujo más surrealistas; cuando todos se habían ido, yo dibujaba en la más estricta de las soledades y apoyado en una pila bautismal de varios siglos. El eco de mi tímida tos me hacía sentir acompañado.
Planteamientos góticos en una iglesia inconclusa.
Desde el aparcamiento Los Remedios
      Los que conocen Vejer por las olas de la playa del Palmar también conocen las rachas de viento de estas costas, y no penséis que eso es un problema; pues para aprovechar estos vientos se levantaron al amparo del Duque de Medina Sidonia los molinos de viento que tanto caracterizan estas tierras. Hoy no quedan muchos, este testigo solitario nos recuerda a una estampa manchega.
 
     











Ya en otra ocasión anduve dibujando estos molinos tan quijotescos, por ahí anda una foto de ellos con nieve, pero tenéis que verla en el Bar Peneque


Este pueblo tiene un castillo. Por su patio de armas no campan soldados, sino que por él corren los Scouts; cuando dibujaba la milenaria puerta primitiva del edificio -que es casi lo único que lo convierte en castillo-, chaveas de corta edad ya pelaban la pava, no podía evitar sonreir escuchando lo fácil que es ligar cuando se tienen 7 años.

Desde la Puerta del Mesón La Judería
        Las calles estrechas se convierten en auténticos túneles del viento en los que sentarse en el suelo puede acabar suponiendo un despegue inminente. Cuando las dibujaba en esta ocasión, el viento tiraba  pizarrines y tambaleaba las macetasa mi alrededor.
    
     Mientras el grupo comía en el mesón yo me empeciné en dibujar esta perspectiva de la calle Judería porque semanas antes, aunque en compañía, ya la había realizado desde el otro extremo. Seguro que muchos tienen en la mente al cuadro de las cobijadas bajando la calle solemnemente.


     En Vejer, cualquier calle es buena para volar, pero no solo por el viento, sino porque en unas calles tan estrechas, blancas y luminosas, uno parece tocar los rayos del sol. Por algunas de estas calles corren unos toros el domingo de Resurreción, el resto de días la recorre no solo la rutina de unos habitantes afortunados, sino también una ristra de turistas que vienen de hacer surf por el día para resguardarse por la tarde en la sombra de sus patios. 

     Y si alguien es muy amante de la libertad, como este que suscribe, siempre hay un lugar en el que posarse tras un duro día de lucha contra el viento; bajo los haces de luz del faro de Trafalgar.


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