En este blog intento mostrar mi pasión por el dibujo, y mi pasión por mi ciudad, Cádiz, a través de diferentes dibujos tanto en papel como en lienzo, tanto en tinta como en acrílico.


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lunes, 18 de mayo de 2015

FINDE EN LA JANDA: EN LA CUNA DEL "CACHONDEO"


     Cada fin de semana muchos dicen que se van de cachondeo, pero pocos de ellos han leído la Ilustre Fregona de Cervantes. Yo, que una tarde de aburrimiento la tenía a mano, descubrí que para irse de cachondeo en el más estricto sentido de la palabra hay que irse al río Cachón, y éste atraviesa Zahara de los Atunes. 

Vista de Zahara de los Atunes. Desde la Playa de Atlanterra.


     Los piratas atacaron la chanca de Zahara en busca de rehenes, pero a pesar de ello, cada verano seguía oliendo a sal y atún. Hoy día sus bóvedas de la sal huelen a vino de misa y a incienso. Además, hay que esperar a la Feria de la Tapa del Atún para que vuelva el olor a ventrecha, morro y otras partes de este cerdo marino. Esta entidad local le debe su origen al atún y al rey de los atunes -Duque de Medina Sidonia-. 



Chanca fortificada de Zahara o Castillo-Palacio de las Pilas.

     Durante el siglo XVII, muchos de los que aquí trabajaban, se acostaron con miedo de que al abrir los ojos estuvieran presos en la orilla de enfrente. Yo, por mi parte, me acosté con un solo miedo; que al abrir los ojos mi fin de semana no fuera un sueño. Cuando me destapé del saco solo el viento de levante, y no los piratas, quería llevarme hasta África.

Búnker en la Playa de Atlanterra. 16.5.2015


 Con este búnker, pocos piratas se atreverían hoy día a venir a estas playas. De todos modos, Felipe II, que les tenía bastante inquina, se dedicó a colocar torres de vigilancia por toda nuestra costa. Una de ellas, la torre de Cabo de Gracia -actualmente Faro Camarinal-, vigila que la Playa del Cañuelo siga limpia y virginal. 




También vigila que el sol se ponga a su hora. Muchos atalayas hacen la ronda para comprobar que esto se cumple, puntuales parejas acuden a besarse al ocaso desde su mirador.




 
     Huyendo del Levante, me enfrasqué en una navegación de cabotaje. Ésta fue posible porque tenía aún combustible en el depósito. Viajé faro por faro, abarcando la Janda cabo por cabo. A las 10 de la mañana el viento me dio tregua a la altura de Barbate; donde antes hubo un castillo hoy está este faro. En esta ocasión no olía a atún, sino a churros recién hechos. Ahora recalé en Vejer, aquí no hay faros sino molinos, el viento estaba fuerte y me resguardé en su castillo, ¡sorpresa! Los sketchers de Vejer estaban allí. 
 
 
Con la alegría seguí hasta Los Caños de Meca. Allí experimenté lo que es dibujar sin ropa, como si el ser humano solo hubiera recibido un lápiz y un cuaderno para tapar sus vergüenzas. ¿A dónde me llevará mi viaje la próxima vez?
 
  

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