En este blog intento mostrar mi pasión por el dibujo, y mi pasión por mi ciudad, Cádiz, a través de diferentes dibujos tanto en papel como en lienzo, tanto en tinta como en acrílico.


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lunes, 8 de junio de 2015

ENTRE UNA MEDIA LUNA Y UNA CRUZ VIEJA. EL BARRIO DE SAN MIGUEL (JEREZ)


Emulando a los reyes de Castilla, los sketchers gaditanos nos reunimos el pasado sábado en la Plaza del Arenal de Jerez, pero no para presenciar una justa, sino a un encabalgado primo de Rivera.  En esta plaza podemos elegir varios caminos, pero de todos, nos decantamos por uno que nos llevó al Jerez del siglo XII. 

 
Siempre que puedo aprovecho, aprovecho para dibujar esta torre octogonal. Ya la había dibujado Delacroix cuando fue de viaje a Marruecos. Durante mucho tiempo estuvo cubierta de una densa hiedra que no dejaba pasar la luz a sus saeteras y mechinales. Desde su desnudez actual sigue sin olvidarse de la yedra y mira nostálgica hasta la ermita del mismo nombre; oculta entre las calles de San Miguel.






www.puebos-espana.org


Del amor pasional entre lo moro y lo gitano surgió San Miguel. Un barrio que debe su nombre a una iglesia San Miguel, pero que también debe su nombre a aquellos que lo han meneado por medio mundo. Un barrio que a pesar de ser cristiano es la cuna de una faraona. La casa de Lola Flores aún se mantiene en pie. Aunque dista mucho de ser una soberbia pirámide, al menos se halla en una calle digna de Ra, la calle Sol.








El Sol es el amo de este barrio jerezano, pero hay un sitio en el que tiene acceso restringido, las bodegas. A cobijo del astro rey recalamos en Faustino González, una bodega que hace el fino con mimo, el Cruz Vieja. Aquí podéis probar toda una delicatessen, el palo cortado. Su nombre surge de un capataz con pocas ganas de escribir, un tachón en una bota. Es bueno usar un signo cuando te quedas sin palabras, y con regustillo en el paladar.
Esta bodega auna tradición y buen hacer, y no puede desligarse de la fuerte carga simbólica que significa ser de San Miguel. La torre del santo sobresale tras el tejado.
Para aislarse de la calor, la sombra de la sacristía. Y si eso no es suficiente, puede darse uno con el agua a presión que sale de estos aparatos. Hace ya cuatro décadas esta rueda giratoria revolucionó el mundo de la bodega. Es un lavadero de botas, el barril se situaba sobre él. Otro aparato llamó mi atención. Otro lavadero de botas que requería mucho más esfuerzo por parte del hombre, estas cadenas ya oxidadas.







Nuestro viaje prosiguió, el sábado seguía para convertirse en domingo, y había que ver el sol reflejado en el alcázar. De sus torres, hay una que no lo parece, y es que se tuvo hace ya unos siglos la feliz idea de construir una almazara en el alcázar. 





Hoy día, además, esta fortaleza almohade guarda en su interior un palacio, una cámara oscura, y hasta la vieja farmacia tiene su representación en las vitrinas. Las flechas andalusíes y las mazas castellanas han sido sustituidas por estas viejas jeringuillas de practicante. Estos héroes urbanos se recorrían la ciudad a pie para curarnos a domicilio. Hoy nuestra cura ha sido el vino.


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